Una explicación para jóvenes a manera de preguntas y respuestas.

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  1. Qué es la Vida Consagrada

Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme… Si quieres ser perfecto… ¿qué es ser perfecto? ¿no tener errores? ¿hacer todo eficazmente? ¿actuar lo mejor posible? Tal vez todo esto nos habla de la perfección en el hacer, en el actuar, pero no es la perfección de la que habla Cristo en este pasaje. Él no espera que actuemos sin fallas, que hagamos todo perfectamente, que no cometamos ningún error, en este consejo Cristo nos invita a ser perfectos.

Santo Tomás nos da una ayuda para comprender qué es ser perfecto: “Se considera que una cosa es perfecta cuando alcanza el fin propio, que es su última perfección.”[1] ¿Cuál es tu fin propio?  ¿tener un buen trabajo? ¿ser feliz? ¿viajar? Sigue Santo Tomás: “Lo que un hombre acepta como fin último domina su afecto, porque de ello toma las normas que regulan toda su vida.”[2] ¿Qué es aquello que puede ordenar todos tus actos en esta vida? ¿la felicidad? ¿luchar por un mundo justo? ¿no sufrir? Todos estos deseos de felicidad, de una vida justa y buena, de amor los tenemos en nuestro corazón para ser complacidos, no los puso Dios en nuestro corazón para que se queden en mero deseo, y aunque los empezamos a vivir aquí, los viviremos plenamente cuando vivamos la vida de la Santísima Trinidad. La vida no termina aquí, en este mundo, sino: “Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado.”[3] Y esto es lo que llamamos la “vida eterna” “la bienaventuranza” el ver a Dios cara a cara y vivir con él. Este es nuestro fin último, a donde todos esperamos llegar un día, a veces lo tenemos muy claro, a veces sólo alcanzamos a reconocer ese deseo, pero ahí está en el corazón de todos los hombres.

Y la Vida Consagrada es precisamente esto, un adelanto en cierto sentido de nuestra perfección, de la vida eterna, donde amaremos perfectamente. El consagrado anuncia y testimonia por la gracia de Dios esta vida[4], vive ya la plenitud de su bautismo, no toma mujer o marido, sino que son como ángeles de Dios.[5]

  1. Quiénes son los consagrados

Consagrar es hacer sagrado, llamamos a una persona consagrada cuando se separa para unirse sólo a Dios. En varias religiones existen algunas formas de consagración y específicamente en la Iglesia Católica la Vida Consagrada es un estado de vida, una forma de vivir el ser cristiano, un camino de santidad, una forma concreta de entregarse y amar, de ponerse al servicio al igual que el sacerdocio o el matrimonio. Específicamente los consagrados son personas que han pronunciado los votos de castidad, pobreza y obediencia ya sea temporalmente o para toda su vida. Así tenemos religiosos dedicados a la vida contemplativa (que sirven a la Iglesia con su oración, normalmente en claustros) y a la vida activa (que sirven a la Iglesia con su oración y con sus obras)… y en la vida activa encontramos muchas modalidades: con hábito, sin hábito, viviendo en comunidad, trabajando, predicando, etc. Luego algunos religiosos son ordenados diáconos o sacerdotes sin dejar de ser religiosos y vivir según el carisma de su comunidad. En la vida consagrada no consideramos a los sacerdotes diocesanos u obispos que no pertenezcan a una comunidad religiosa, por ejemplo, el Papa Benedicto XVI no es una persona consagrada pues no pertenece a una comunidad religiosa, pero sí un obispo; en cambio, el Papa Francisco es un consagrado, pues pertenece a la orden (o comunidad) de los Jesuitas y además es obispo.

  1. Para qué sirve la Vida Consagrada, cuál es su misión

Más importante que su definición es lo que está en el corazón del Padre. La vida consagrada es un regalo, es un don de Dios para su Iglesia[6], para aquel que es invitado a vivirla, y para aquel que la recibe y convive con ella. Y al igual que hacemos con un regalo, tenemos las dos opciones, acogerla o rechazarla.

Normalmente las monjitas nos caen bien, seguro que hay personas que han tenido una experiencia desagradable con un consagrado, pero en México regularmente se les respeta y se les quiere, les ofreces tu lugar en el camión, les dices buenos días… ¿por qué? Probablemente sea por la cultura religiosa que tenemos, que aunque a veces no ayuda mucho sí nos deja ver lo importante de la vida consagrada… los acogemos o los rechazamos por lo que es, es un signo de Dios para su Iglesia, un recordatorio de que existen realidades más altas que las que vemos todos los días en nuestro trabajo o escuela, realidades a las cuales también nosotros estamos llamados a vivir… al final del día el ver a un religioso o religiosa nos habla de Dios, luego está nuestra decisión de acogerlo o rechazarlo.

Pero creamos o no en Dios, también reconocemos en esa persona la voluntad de servicio, de alguien que ha apostado su vida al amor, al servicio de los demás.

Eso es la vida consagrada, Dios que se hace presente en nuestras vidas a través de personas concretas que entregan su vida para esto, Dios que les pide ayuda y ellos aceptan libremente. Dios que nos llama, que camina con nosotros, que no deja de recordarnos que nuestra vida no termina aquí, que nos anima y acompaña.

Cómo comentábamos anteriormente hay varias formas de vivir esta entrega; la vida contemplativa y la vida activa, con hábito, sin hábito, trabajando como cualquier otra persona, evangelizando, con carismas específicos, misioneros… ¿cuáles conoces tú?

Normalmente solemos reconocer a las monjas o monjes por lo qué hacen o donde trabajan, según su carisma. Y esto es un aspecto muy importante, porque es el mismo Espíritu Santo que anima a trabajar de una forma específica. Pero antes que esto está la sed de Dios por nosotros, «Eligió a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar.» Mc 3,13

Es muy fácil ver la función del Orden Sacerdotal en la Iglesia, nos es muy clara, los sacerdotes son pastores, administran sacramentos, enseñan la Palabra de Dios, etc, los laicos anuncian el Evangelio en la vida cotidiana, ordenan los asuntos temporales según Dios… ¿y los religiosos? La vida contemplativa no hace nada de esto, los eremitas viven completamente solos ¿servirá de algo que una persona viva así? Ante la urgente necesidad de que el mundo conozca a Dios ¿no será que una vida así está fuera de tiempo?

Jesús nos lo dice muy claro: “Eligió a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar”[7] Hay que ver bien el orden de las palabras de Jesús “para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” no sólo dice enviarlos a predicar, primero dice: “para que estuvieran con él”. Esa es la misión principal de la vida consagrada, estar con su Señor,[8] calmar la sed de amor que Jesús tiene por cada uno de nosotros, y especialmente por aquel a quien llama, aquel a quien invita a estar con él. Luego, sólo después de estar con Jesús, la vida activa, irá a predicar, a animar y acompañar la evangelización.[9]

Gracias a la Vida Consagrada conocemos mejor a Dios, conocemos más los deseos de su corazón, que se reflejan en el modo de vida de Cristo, el cual la vida consagrada trata de imitar “desde más de cerca”.[10]

La Vida Consagrada es una sobreabundancia de amor del Padre hacia cada uno de nosotros. El amor de Dios no es medido, da siempre de más y la Vida Consagrada es así… vivimos en un mundo altamente efectivo y lo que no nos sirve lo desechamos, sólo guardamos lugar para lo que es realmente necesario (en vistas de la efectividad). Pues la Vida Consagrada no es así, no es necesaria efectivamente para la evangelización, lo que hacen ellos lo puede hacer cualquier laico, tal vez con otros horarios o en otras medidas pero normalmente es reemplazable, lo que es irremplazable es la sed de amor del corazón de Dios porque acojamos este regalo, para que estemos con él. No es como el sacerdocio, que nadie más puede consagrar o confesar, ni como el matrimonio co-creador de vida.

A diferencia del sacerdocio y del matrimonio la Vida Consagrada no tiene un sacramento propio, pues es ella misma un signo visible, (recordemos que sacramento significa precisamente “signo visible”) un signo profético, para toda la Iglesia, de hecho, es una “extensión del Bautismo”[11] y en un sentido escatológico es la vida a la que todos estamos llamados a vivir, “porque cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán, ni se darán en casamiento, más serán como los ángeles que están en el cielo.”[12] Esta vida, el consagrado la adelanta, la vive y la anuncia desde aquí, nos recuerda nuestro fin último.

  1. Iniciativa del Padre y don sobrenatural

El primer objetivo de la VC es hacer visibles las maravillas que Dios realiza en la frágil humanidad de las personas llamadas[13]. Una persona no hace su profesión confiando en sus fuerzas humanas. No hay fuerza humana que nos permita vivir una vida de castidad en el celibato, de pobreza y de obediencia, pues no es lo natural en la persona humana. Por ello, la VC es una vida suspendida en la gracia sobrenatural y la fidelidad y misericordia de Dios que se va mostrando día tras día, poco a poco, progresivamente y que conduce al consagrado a la plena configuración con Cristo.[14]

De esto también es un signo para nosotros, de la presencia del Señor resucitado[15] entre nosotros, del Espíritu Santo que guía nuestros corazones y acciones y de la providencia de nuestro Padre que no nos abandona en ningún instante. La VC nos enseña a confiar, a entregarse por amor a Dios y a los hermanos en la confianza que nada nos va a faltar, que ante la incertidumbre de nuestras debilidades y de la maldad del mundo, podemos confiar en la gracia que viene del Padre y caminar siempre viendo hacia adelante. Nos recuerda y nos enseña a seguir confiando y esperando al Esposo, de quien cada uno de nosotros como Iglesia recibimos todo y nos anima a seguir adelante en esta configuración con Él, en parecernos cada día más a Él hasta el día en que nos presentemos como Iglesia resplandeciente, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa e inmaculada.[16]

Por esto la VC nos recuerda levantar la mirada hacia Dios, hacia el cielo nuevo y la tierra nueva,[17] nos anima a no acomodarnos al mundo presente que pasa y se acaba sino a esperar amando, ofreciéndonos con amor al Padre cada día.

La VC nos anuncia la victoria del amor, nos recuerda que amar perfectamente es posible hoy, porque Dios sigue guiando y santificando a su Iglesia. Que es posible darse completamente, dar nuestra voluntad, nuestros sueños y anhelos, nuestro cuerpo como Cristo lo hizo… y que en este darse, en el amar[18] se encuentra la perfección y la felicidad.

  1. ¿Qué vive un consagrado?

Lo mismo que nosotros pero de una forma más íntima y plena, más cercana, tratando de seguir e imitar a Cristo “desde más cerca”, manifestar “más claramente” su anonadamiento y encontrarse “más profundamente” presente, en el corazón de Cristo, con sus contemporáneos[19]. Viven del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Viven de la gracia y la misericordia que piden en el día de su profesión.

Pueden tener en el exterior una vida igual a la de cualquiera de nosotros pero hay 3 columnas que estructuran y ayudan a vivir su consagración a los cuales llamamos “consejos evangélicos”.

  1. ¿De dónde surge la vida consagrada? ¿Quién la inventó?

De la cruz de Cristo, de la sobreabundancia del amor de Dios que se derrama sobre este mundo. Allí (en la Cruz) su amor virginal por el Padre y por todos los hombres alcanzará su máxima expresión; su pobreza llegará al despojo de todo; su obediencia hasta la entrega de la vida.[20] La Virgen María y Juan son los primeros en recibir este don al pie de la cruz.

Una visión histórica la puedes encontrar aquí

  1. ¿Qué son los consejos evangélicos?

Casi siempre los entendemos como renuncias, pero más bien, son elecciones, algo positivo. El consagrado elige vivir estos consejos en vista de un bien mayor, pues son un reflejo de la vida trinitaria[21]. Es la vida que tiene la Santísima Trinidad (a la cual todos estamos llamados a vivir) y se refleja en la castidad, pobreza y obediencia que vive todo cristiano pero que la vive más profundamente el consagrado al profesar sus votos para quitar los obstáculos que podrían apartarle de la caridad.[22]

Celibato y virginidad – Manifiesta la entrega a Dios con corazón indiviso, es el reflejo del amor infinito que una a las tres Personas divinas, amor testimoniado por el Verbo encarnado hasta la entrega de su vida; amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que anima a una respuesta de amor total hacia Dios y hacia los hermanos. [23] Es la entrega de nuestro cuerpo, de nuestra afectividad, de nuestra capacidad de procreación descubriendo un amor más grande que el que pueda haber entre dos personas.

Pobreza – Manifiesta que Dios es la única riqueza verdadera del hombre. Expresión de la entrega total de sí. [24] Desapego de bienes materiales y posesiones y total confianza en la providencia amorosa del Padre que no se olvida de sus hijos.

Obediencia – Manifiesta la belleza liberadora de una dependencia filial y no servil, rica de sentido de responsabilidad y animada por la confianza recíproca, que es reflejo en la historia de la amorosa correspondencia propia de las tres Personas divinas. [25] Entrega de nuestra voluntad para cumplir la voluntad del Padre expresada en la voluntad de la Iglesia, de un superior.

Es un don específico del Espíritu Santo derramado sobre la persona llamada que pueda profesar y vivir los consejos evangélicos pues el Bautismo no implica por sí mismo el celibato o la virginidad, la renuncia a la posesión de bienes y la obediencia a un superior.

  1. Entonces ¿todos debemos ser consagrados? 

Todos somos ya consagrados por nuestro Bautismo, pero hay algunos que viven “una extensión” de este sacramento. Algún día todos lo viviremos en plenitud, pero por ahora no. Todos estamos llamados al mismo fin, vivir con Dios eternamente[26], ahí todos (consagrados, sacerdotes, laicos) seremos contemplativos, todos vamos a vivir en plenitud nuestro Bautismo, la bienaventuranza, no estaremos casados sino que seremos como los ángeles en los cielos.[27]

Recordemos también que la Vida Consagrada es un camino al cual el Padre invita a recorrer a algunos, es un misterio su elección, pero sabemos que es una elección de amor, para santificar al elegido y a su Iglesia. No es algo que podamos elegir bajo nuestra iniciativa pues es un llamado sobrenatural, es necesaria la gracia específica para vivirlo. No podemos reclamarlo pues no lo merecemos.

La elección de Dios sobre algunos no significa que los ame más, a todos nos ama Dios con un amor personal y a cada uno nos invita a caminar un camino que nos lleva hacia él.

  1. ¿La Vida Consagrada es mejor que el matrimonio?

No, ningún estado de vida es mejor que otro, simplemente son diferentes caminos y todos llevan al mismo final, ser santos y contemplar a Dios en el cielo. El mejor estado de vida es al que Dios te llama y el que tú elijas pues eres irrepetible y único.

A simple vista los medios que tiene la vida consagrada (la pobreza, castidad, obediencia, vida en comunidad, liturgia, etc) nos parecen “mejores o perfectos” para alcanzar la santidad, pero no es así. Como cualquier otro camino tiene y necesita sus medios particulares, pero la bondad de estos no es mayor o mejor a la bondad de la vida de una familia o del sacerdocio.

Simplemente son dos formas de santidad que anuncian dos cosas diferentes, la vida consagrada es el signo de la vida futura y el matrimonio es el modelo actual de nuestra unión con Dios.

Nuestra perfección y santidad no consiste en realizar lo que a nuestros ojos es perfecto, sino en orar y acoger en el amor la voluntad del Padre sobre cada uno de nosotros e ir construyendo nuestra vida juntos.

  1. Sé perfecto, busca tu felicidad.

Acoge con amor la Vida Religiosa, apóyala. Acércate y visita algún convento o monasterio del cual hayas escuchado o algún carisma que te llame la atención, verás que hay algo muy especial que se vive en esos lugares que no encontramos en las parroquias. Acógelo como un don que Dios te da, como oasis para su Iglesia.

Pregúntale a Jesús si es ese estado de vida al que te llama, no temas escuchar su respuesta pues ahí está la clave para tu felicidad y santificación. No te detengas en anhelar la vocación de otros, las comparaciones sólo nos detienen, cada vocación tiene un propósito particular y la perfecta para ti sólo la encontrarás en el silencio de la oración, en el silencio de tu corazón. Busca un director espiritual que te acompañe y te ayude en la búsqueda, alguien que ya pasó por ahí y a quien se le ha dado la gracia de ser pastor de almas.

En la Arquidiócesis de Monterrey contamos con el Centro Vocacional donde puedes realizar un Proceso Vocacional. Adicionalmente las comunidades religiosas tienen sus propios procesos o retiros vocacionales que te pueden ayudar.

Y lo más importante ¡Déjate guiar por el Espíritu Santo!

 

Qué más da que estemos arriba o abajo, cerca o lejos de Dios; dirijamos a Él nuestras miradas y unámonos para alabarle, unos en la vida monástica, otros en las misiones, otros en el mundo, unos de una manera y otros de otra… ¿Qué más da?… Él lo llena todo y si nos miramos unos a otros, perdemos el tiempo…
-San Rafael Arnaiz

 

[1] Suma Teológica. Parte II-IIae – Cuestión 184 – Artículo 1

[2] Suma Teológica. Parte I-IIae – Cuestión 1 – Artículo 5

[3] Ap 21, 3-4

[4] Lumen Gentium 44

[5] Mateo 22,30

[6] Vita Consecrata  1

[7] Mc 3,13

[8] Perfectae Caritatis 6

[9] Perfectae Caritatis 8

[10] CIC 932

[11] CIC 931

[12] Mc 12,25

[13] VC 20

[14] VC 19

[15] VC 19

[16] cf. Ef 5,27

[17] cf. Ap 21,1

[18] Colosenses 3, 12

[19] CIC 932

[20] VC 23

[21] VC 21

[22] LG 44

[23] VC 21

[24] VC 21

[25] VC 21

[26] Apocalipsis 21,3

[27] Marcos 12,25

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