Antífona en honor de nuestro padre San Juan

juan

Oh Juan, estrella resplandeciente de la Iglesia,
que reflejas la luz del Padre,
revelándonos el misterio del Verbo, fruto eterno de su seno,
fuente de toda vida y de toda verdad.

Oh discípulo amadísimo del Verbo hecho carne,
que en la Cena reposaste la cabeza sobre su corazón,
descubriendo entonces todos los secretos
del Hijo amadísimo del Padre y del Salvador de los hombres.

Oh hijo amadísimo de María,
que recibiste en la cruz el tesoro del corazón de Jesús crucificado,
viniendo a ser así el testigo de su corazón herido:

Te suplicamos, a pesar de nuestra indignidad,
de nuestras debilidades, de nuestras infidelidades,
que seas nuestro padre,
para que seamos verdaderos hijos del Padre,
viviendo de su luz y del ardor del corazón herido del Agapetos
bajo la vivificante guía del Espíritu Santo Paráclito,
en María, Madre de Jesús y Madre nuestra.

Padre M.D. Philippe

Consagración a María

maria

Como el Padre te ha escogido, oh María, para ser su Hija Inmaculada, la Esposa de José, y la Madre de su Hijo amadísimo y de toda la Iglesia, en comunión plena con el Espíritu Santo, así nosotros te escogemos hoy como Madre y Reina de toda nuestra familia y te consagramos nuestra alma, nuestro cuerpo, todas nuestras actividades y todo lo que nos pertenece sin excepción.

Ejerce con cada uno de nosotros tu maternalísima misericordia, enséñanos a amar cada vez más a Jesús y al Padre, y por medio de Ellos, a amarnos unos a otros en el Espíritu Santo, descubriéndonos cada vez más profundamente a la luz de Jesús, respetándonos mutuamente y escogiéndonos cada día con un amor más divino y más sencillo.

Oh María, concede a cada uno de nosotros la gracia de cumplir cada día, mediante la ofrenda de nuestra propia persona, la voluntad del Padre, para que toda nuestra familia testifique, en medio del mundo, el amor de Jesús victorioso del mal.

Padre M.D. Philippe

Oración matutina a María

maria2

Oh Madre Amadísima, tú que conoces perfectamente los caminos de la santidad y del amor, enséñanos a elevar continuamente nuestro espíritu y nuestro corazón hacia la Trinidad, a fijar en Ella nuestra respetuosa y amorosa atención. Y puesto que caminas con nosotros por el sendero de la vida eterna, no te alejes de los débiles peregrinos que tu caridad desea tanto amparar. Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, atráenos a tus claridades, inúndanos de tus dulzuras, llévanos en la luz y en el amor, llévanos siempre más lejos y más alto en los esplendores del cielo. Que nada pueda jamás turbar nuestra paz ni apartar nuestro pensamiento de Dios, sino que cada minuto nos lleve más adentro en las profundidades del augusto Misterio, hasta el día en que nuestra alma, abierta plenamente a las iluminaciones de la unión divina, lo vea todo en el eterno Amor y en la Unidad.

Marthe Robin